Es una obra del s. XVII, dedicada a estas dos mártires, patronas de Betorz.

En planta presenta una sola nave dividida en dos tramos (cubierta una con bóveda de medio cañón y otra de lunetos) y cabecera recta orientada al este.

En el atrio de acceso se conserva un crismón románico.

Destacan las pinturas populares del s. XVIII que decoran el presbiterio y varias capillas. Con vivos colores se recrearon pilastras, cortinajes, guirnaldas e incluso retablos, lográndose una atmósfera casi teatral. El campanario de dos cuerpos cuenta con dos campanas: Sta. Águeda (1650) y Sta. Bárbara (1887).

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El Parque Cultural del Río Vero conserva un número escaso de construcciones románicas (ss. XI, XII y XIII). En muchos casos de debe a la sustitución de los antiguos edificios por otros más amplios y acordes a los nuevos gustos, tanto góticos como barrocos.

Mientras que numerosas iglesias y ermitas se levantaron sobre los muros de templos románicos más antiguos (Bárcabo, Betorz, Lecina o Huerta de Vero), otros edificios conservan buena parte de su arquitectura medieval: iglesia de San Esteban de Almazorre, ermita de Treviño en Adahuesca o el atrio de la Colegiata de Sta. María de Alquézar.
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Periodo gótico

El periodo gótico perduró hasta el s. XVI en lo que se ha denominado gótico aragonés. A esta última época pertenecen algunos de los ejemplos más destacados de arquitectura religiosa en el Parque Cultural.

En las iglesias se impuso la planta de salón de una o varias naves, cubiertas por bóvedas estrelladas y ábside poligonal.

Sobresalen la Catedral de Barbastro y la Colegiata de Alquézar. También responden a este modelo las iglesias de Burceat, Cregenzán, Azara, Radiquero, Colungo y la de San Francisco en Barbastro.

Del renacimiento al barroco

El s. XVII trajo la guerra, el hambre y la peste lo que provocó un gran temor entre una diezmada población. Se avivó así el fervor religioso que tuvo su reflejo en las iglesias. Muchas se ampliaron y abundantes retablos, capillas e iglesias se dedicaron a los santos protectores de la peste y otras enfermedades: S. Roque, S. Sebastián o Sta. Quiteria. Entre los templos más destacados está el Santuario de Dulcis en Buera con las yeserías de tradición mudéjar que lo decoran.

En el s. XVIII, la construcción de iglesias se redujo. Sólo algunas, como en Pozán de Vero, Castillazuelo, Adahuesca y los Escolapios en Barbastro, se construyeron de nueva planta. Las iglesias de este periodo se caracterizan por la sobriedad exterior, que contrasta con la decoración del interior.

El Vero está jalonado por pequeñas ermitas, la mayoría de una arquitectura sencilla, de carácter popular, muestra de la devoción que sacraliza determinados parajes. Destacan la de la Virgen de la Sierra (Bárcabo), las de San Gregorio y el Pilar (Alquézar), la de los Santos Fabián y Sebastián (Radiquero), San Juan (Buera), San Macario (Pozán de Vero), San Fabián (Castillazuelo) y Virgen de Viña (Adahuesca).

Muestra de los eremitorios rupestres conservados en el Alto Aragón es la ermita de San Martín (Lecina) en la confluencia del barranco de la Choca con el Vero, en un espectacular enclave. Es de origen románico y está construida bajo un abrigo calizo. Presenta una nave única rectangular con ábside semicircular.

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Una de las más destacadas es la de San Francisco que en su momento formó parte de un convento franciscano (s. XIII). A principios del s. XVII se remodeló y cubrió con bóveda de crucería. Destaca la capilla funeraria de San Juan edificada por la familia Claramunt (finales del s. XVI), y decorada con pintura mural obra de Rafael de Pertús. También es interesante la cripta, con enterramientos sedentes tallados en piedra.

Entre otras iglesias sobresalen las de los Escolapios (s. XVIII) del barroco clasicista, cuyo interior contiene pinturas de Francisco Zueras y la del Convento de las Capuchinas (s. XVIII).

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Se construyó a mediados del s. XVIII siguiendo los cánones del estilo barroco más depurado.

Su planta es de cruz latina, con una nave de proporciones esbeltas y capillas laterales comunicadas entre sí. El crucero, sobre el que se levanta la cúpula, está decorado con óvalos en los que se representan los cuatro Evangelistas. Cornisas molduradas recorren la nave y el transepto sobre pilastras con capiteles compuestos. En la fachada principal, de gran sobriedad, la portada tiene la fecha de 1757.

La torre cuenta con dos cuerpos cuadrangulares y un remate octogonal realizado en ladrillo.

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